marzo 27, 2007

Sick

Hay que joderse con la suerte que llevo con las enfermedades esta temporada. Acabo de hacer triplete, y como ya me pasara justo antes de Carnavales y justo antes de Navidad, a escasos días de Semana Santa también he vuelto a enfermar. Y aquí estoy, hecho un trapo: con una fiebre alta, sin poder comer hasta que no me baje, chutado a paracetamol, cansado y con dolor de garganta y con la advertencia de que si la fiebre persiste, empiece a tomar antibióticos (tres sobres de Zitromax), en forma de un pelotazo de azitromicina, y si la fiebre va remitiendo, a echar días de convalecencia.

Mierda.
 

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marzo 12, 2007

Reflexionemos

Se equivocan de lleno. No pienso montar un numerito, ni llorar ni patalear. Espero, deseo, que estéis leyendo esto, palabra por palabra. Me desentiendo, completamente, de todo el tema. Pintad un mural, bailad una jota o jugad a la guerra nuclear. Personalmente, me da igual. Quizá, hace algún tiempo, habría prestado un mínimo de atención, hasta habría asentido con entusiasmo, pero todo caduca. Hay una anécdota en la Historia que me apetece recordar. Os la merecéis, con un fuerte abrazo y un aplauso emocionado al unísono de todos los que os tienen que mirar desde debajo de vuestros pies.

Cuando acababa la II Guerra Mundial y el Fin del Reich empezaba a verse más claro que el agua, Hitler desarrolló la pequeña manía de, encerrado en compañía de sus mapas tácticos, mover banderitas por Europa que representaban divisiones inexistentes, imaginando una nueva ola de poder que subyugaba el mundo bajo el poder Ario.

Espero que hayáis tenido la paciencia de poder leer hasta aquí, y ahora quiero imaginaros con una ceja enarcada preguntándoos, ‘¿y esta anécdota a qué viene?’ Bueno, muy sencillo: es en vuestro honor, para que os veáis reflejados. Yo elegí el mundo real: vosotros podéis seguir moviendo vuestros ejércitos fantasmales mientras imagináis que nos abatís y capturáis dominándonos por un Reich de mil años.

Vosotros mismos lo dijisteis: podéis escoger, y hemos aceptado. ¿A qué vienen ahora esos rostros de sorpresa? ¿No éramos libres? Pues como podemos escoger, yo escojo: escojo pasar del tema. Venga, a jugar a la petanca: perdedores.


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marzo 05, 2007

Me toca

No me jodas, en serio. Parece mentira que aún puedas seguir así, dándole vueltas de esa forma, machacándolo y pasándolo por el pasapurés una y otra vez. Yo ya no sé ni qué pretendes conseguir con tu paranoia. El asunto ya es cansino de narices, empieza a oler a cadáver y la peste es de película, oiga. Lo peor de todo es que con todas tus espantadas, tus huídas, tus adioses y tus desapariciones eres tú quien no tiene valor para marcharse. Me canso, me canso muchísimo. Me canso porque me rehúyes, haciendo volteretas con las ideas, intentando (aún no sé muy bien porqué) culpabilizarme, ningunearme y exorcizarme, pero vuelves una y otra ves, con la jodida cantinela. Hasta el fartazgo, así, dicho en castizo. Y es que, hablando claro, me tienes hasta los huevos.

Me saca de quicio tu manía de seguir removiendo mierda en tus escritos putrefactos. ¿Tienes contrato con una funeraria, para seguir moviendo tanto a los muertos? Empieza a parecer que los comentarios de la gente acerca de tus imbecilidades y la peste a mortaja son para tí el equivalente literario del Valium. Si estoy fuera de la línea, entonces estoy para todo, así que deja de intentar apuñalarme. O te quedas, o te marchas. Pero decídete de una puta vez.

Creo que necesitas escuchar más a Los Planetas.

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